Historia del Pueblo
Aguilafuente es, sin duda, una localidad con un importante pasado histórico, debido a la existencia en su término municipal de numerosos yacimientos que atestiguan el poblamiento en la zona, al menos desde época prehistórica. A todo ello se unen los múltiples acontecimientos históricos que se desarrollaron en época medieval y moderna y que han dotado al municipio una importante proyección histórica.
PREHISTORIA
Las primeras manifestaciones humanas en lo que actualmente es el término municipal de Aguilafuente se remontan al Neolítico, tal como se desprende del hallazgo de un hacha pulimentada que fue donada por don Ricardo García Sebastián en los años 40 a Antonio Molinero, por aquel entonces Comisario Provincial de Excavaciones. Dicho hallazgo se encuentra actualmente depositado en el Museo de Segovia y posee una cronología en torno a los 3.500 años a.C.

Sin embargo es el Bronce Final (1.200-750 a.C.) el periodo prehistórico mejor representado en la localidad, debido a la presencia de múltiples yacimientos en su término como son Las Horcas, Carratejera, La Guarnecida, pero sobre todo, La Pencona, con hallazgos de cerámicas decoradas, y El Arenero (Cuesta de La Ribilla), donde se hallaron en los años ochenta algunos valiosos restos cerámicos elaborados a mano, presentando un aspecto tosco de color negro y una total ausencia de decoración, por lo que se pueden fechar en el tránsito del ultimo periodo de la Edad del Bronce (Bronce Final), más conocido como facies Cogotas I, a la Primera Edad de Hierro (Hierro I), periodo designado por la arqueología en la cuenca del Duero como facies Soto I, por tanto con una cronología temporal que los sitúa entre los 800-700 años a.C.
EDAD ANTIGUA
Este periodo aparece bien reflejado en Aguilafuente debido nuevamente a la existencia de varios yacimientos arqueológicos. Desde hace algún tiempo se pensaba que el poblamiento de época romana se limitaba a los momentos tardíos del imperio (siglos IV y V), debido a la existencia de la villa romana de Santa Lucía, correspondiente al siglo IV d.C.
Sin embargo la presencia de época romana en Aguilafuente se remonta probablemente a los tres primeros siglos de nuestra era, tal como se desprende de los hallazgos producidos en el yacimiento altoimperial de La Guarnecida, también con la estela funeraria empotrada en la Iglesia de San Juan Bautista, con una formula epigráfica cuya cronología se remonta al siglo II de nuestra era y, sobre todo, con la presencia de terra sigillata altoimperial en la villa romana de Santa Lucía, lo cual adelanta la fecha de fundación de este asentamiento latifundista hasta finales del siglo I o principios del II d.C.
La villa de Santa Lucía, al igual que otras villae de la península, alcanza su máximo esplendor en el siglo IV. Conocemos este importante yacimiento debido a las excavaciones desarrolladas en él entre 1968 y 1972 por Rosario Lucas y Vicente Viñas. Gracias a esta intervención arqueológica salieron a la luz mosaicos, pinturas murales y un abundante material cerámico, en el que destacaban los fragmentos de terra sigillata hispánica tardía así como de cerámica común, lo cual nos indica la presencia en esta zona de una mansión cuyo propietario ostentaba la titularidad de una gran explotación latifundista.

Otros yacimientos del periodo bajoimperial los encontramos en el paraje conocido como Los Valladares y nuevamente en La Guarnecida (yacimiento en el que también existen hallazgos del Bronce Final y del periodo Altoimperial Romano)
Durante todo el siglo V, incluso antes de producirse el fin del Imperio Romano, el pueblo visigodo va asentándose progresivamente en la Península Ibérica, siendo este asentamiento más numeroso desde principios del s. VI. Una de las manifestaciones más importantes de su presencia en Hispania son las necrópolis de inhumación, debido a los ajuares funerarios hallados en ellas. La provincia de Segovia es pródiga en hallazgos de este tipo, como demuestran las necrópolis visigodas de Duratón, Castiltierra, Ventosilla y Tejadilla, Espirdo, Madrona o Aguilafuente. En nuestro caso, la necrópolis fue descubierta durante las excavaciones de la villa de Santa Lucía, superponiéndose a los restos ya abandonados del edificio romano. Se hallaron en las excavaciones 198 enterramientos, de los que justo la mitad (99) poseían algún tipo de ajuar funerario, destacando las fíbulas, broches de cinturón, collares, pendientes, anillos y aretes.
Otro yacimiento de este periodo con un sorprendente hallazgo es otra vez La Guarnecida, donde se encontraron dos monedas emitidas respectivamente por los emperadores bizantinos Justiniano y Mauricio Tiberio, correspondientes ambas al siglo VI.
EDAD MEDIA
Ya en la Edad Media nos debemos situar a finales del siglo XI, cuando Aguilafuente seguramente es repoblada, al igual que otras localidades situadas entre el río Duero y el Sistema Central, una vez guarnecida toda la Extremadura castellana tras la conquista del Reino de Toledo por Alfonso VI en 1085. Poco tiempo después la localidad aparece en algunos documentos de los siglos XII y XIII, entre los que debemos señalar especialmente uno correspondiente a 1137 en el que se señala un topónimo denominado Baguilafont, siendo ésta la primera vez en que aparece el nombre del que derivara la actual denominación del municipio. En este contexto medieval se edificaron las dos iglesias existentes en la localidad: San Juan (s. XII) y Santa María (s. XIII).
El siglo XV fue sin duda una centuria de esplendor para Aguilafuente, debido tanto a su posición estratégica dentro de las rutas de viaje de los monarcas castellanos, como a su pertenencia al Cabildo de la Catedral de Segovia y su pujanza ganadera. Así, fue visitada por Juan II de Castilla los días 17 y 18 de mayo de 1434. Durante el reinado de Enrique IV de Castilla, del 1 al 10 de junio de 1472 se celebra en la Iglesia de Santa María un Sínodo diocesano convocado por el obispo Arias Dávila. Las actas sinodales y el relato de los hechos acaecidos a lo largo de los 10 días que duró, dieron motivo para que saliera a la luz el libro denominado como “Sínodo de Segovia” o “Sinodal de Aguilafuente”, considerado joya bibliográfica por ser el primer libro impreso en España. Este incunable se encuentra en el museo de la Santa Iglesia Catedral de Segovia.
En algunos de los años finales del siglo XV (1489, 1492, 1496 y 1497) Aguilafuente es sede de varios Consejos Generales de la Mesta, la poderosa agrupación de los ganaderos ovinos del reino, lo que refleja sin duda la importancia que alcanza la villa en ese siglo de transición hacia la Edad Moderna. Además la reina Isabel la Católica visitó la localidad en mayo de 1493 y su marido Fernando lo hizo el 10 de octubre de 1505, incluso en algunas ocasiones los dos monarcas juntos también pasaron varias jornadas en Aguilafuente como lugar de descanso entre los frecuentes viajes por sus reinos. Incluso la reina intercedió en más de una ocasión entre el Concejo local y el Cabildo catedralicio para resolver problemas de la villa.
EDAD MODERNA
Participa la villa en la Guerra de las Comunidades en contra del emperador Carlos I, por lo quizás este hecho motiva al Cabildo Catedralicio para desprenderse de ella, vendiéndola a D. Pedro de Zúñiga, duque de Béjar, el 22 de octubre de 1536. Poco después Felipe II concede a su hijo el título de marqués de Aguilafuente. Este hecho y la decadencia de la monarquía de los Austrias en aquella época afectan considerablemente a su desarrollo.
También es una época de conquista en el Nuevo Mundo. Se sabe que algunos de los pobladores de esta villa intervinieron en la conquista de América, como Alonso del Río, así lo relata el conquistador Bernal Díaz del Castillo en su Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España.
EDAD CONTEMPORÁNEA
En la guerra de la Independencia de 1808 con la entrada de las tropas de Napoleón, dada la extensión de los pinares que rodean la villa, la población participó muy activamente en la guerra de guerrillas contra el invasor.
Ya en el siglo XX, y concretamente en el periodo de la Guerra Civil (1936-1939), Aguilafuente quedó encuadrado en la llamada zona nacional, al igual que la mayor parte de Castilla la Vieja. Posteriormente Aguilafuente, una vez superada la guerra y la posguerra sufrió las funestas consecuencias de la inmigración hacia las grandes ciudades durante las décadas de los 50, 60 y 70, experimentando así el fenómeno del envejecimiento de la población actual.
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